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2020-05-06    13:19:23

La Guarida Nacional: Yucatán

Pedro Tec: contar historias a partir de los rostros mayas

 

Eugenia Montalván Colón

[Pedro Tec se involucró en la fotografía después de una tarea universitaria. Y desde entonces el mundo maya ha sido su lenguaje visual…]

 

Mérida, 6 de mayo (Notimex).― Pedro Tec habla con el brío que le dan sus 30 años de guapura yendo y viniendo de su pueblo a la ciudad embebido del glamour de artista, pensador y mago de nuestro tiempo:

      ―Sin el arte mi vida sería un vacío total; es más, no estaría vivo.

      Nacido en territorio maya (Ixil, a unos cuantos kilómetros de Mérida), el sábado 7 de marzo, y durante sólo dos semanas, expuso sus recientes creaciones en la Casa del Pueblo, edificio emblemático en la historia de Yucatán, obra del arquitecto italiano Ángel Bacchini, inaugurada el 1 de mayo de 1928. Este magnífico espacio situado en el centro está descuidado (aunque el PRI se ostenta como huésped-propietario), sin embargo nos recibe con un busto de Felipe Carrillo Puerto, primer gobernador socialista de un estado de la República mexicana.

      Carrillo Puerto (1872-1924) es mucho-mucho más que un monumento frente al cual hacer posar a Pedro Tec. Me conmueven los dos, ambos afines a una misma causa con cien años de diferencia: el pueblo maya, cultura milenaria de la que son símbolo de fortaleza sus mujeres, independientemente del trabajo que hagan. Las mujeres, precisamente, fueron el tema de la exposición con la que Pedro contribuye al movimiento de reivindicación mundial que tiene lugar este año-este siglo.

 

                                       Pedro Tec

Lacandones con celulares

Con profunda sensibilidad, Pedro Tec continúa tomando fotos aun cuando su incesante observación se detiene. Su mirada dispara la cámara en el momento en que otra mirada lo intercepta:

    ―Siento que la vida me llevó a este camino.

      Pedro es arqueólogo. Se graduó hace unas semanas en la Universidad Autónoma de Yucatán, pero el título para él es casi irrelevante; no se plantea ejercer la profesión, ya que su interés primordial está en la etnografía visual, el aquí y ahora: el presente. Su misión es generar identidad entre los mayas vivos de toda Mesoamérica. Visitó a los lacandones a principios de este año (del 8 al 15 de enero); ha mostrado algunas fotos en redes sociales de ese viaje, y algunas nos remiten a los viajes de los primeros exploradores norteamericanos.

      —Los lacandones viven distantes del mundo moderno; se mantienen alejados, aislados, y conservan sus creencias, su identidad y cosmovisión… pero algunos tienen camioneta, casa de mampostería (la mayoría vive en casas hechas con tablas) y celular, solamente que no tienen señal de Internet.

 

Desesperanza y fe

Cuando Pedro dice que quiere ayudar al pueblo maya habla como un agente de cambio, como poderoso activista (es conocida su faceta solidaria con los más necesitados en su pueblo compilando despensas y dinero para ofrecerlos a la gente más pobre).  Su fuerza e inspiración nacen de la crudeza de la soledad, el abandono y la pobreza en la que viven miles de personas en el sureste de México; sus fotos en blanco y negro retratan la desesperanza, pero también la fe encarnada en mujeres y hombres ancianos. Otros, con arrugas y harto cansancio sobre la piel curtida por el Sol, lucen poderosos e intrépidos…

      —Siempre pienso que mi trabajo va a servir para crear identidad y sentido de pertenencia, y yo sólo espero que esto me lleve a otro lugar…

 

 

                                       Viejo con sombrero 

 

Etnógrafo visual

Haciendo fotos de modo intuitivo y con un genuino deseo de que veamos —cara a cara— la realidad del pueblo maya, Pedro Tec se ganó un premio internacional. La noticia casi lo vuelve loco. Su primera serie de retratos melancólicos de mujeres mayas que le salían al paso en su pueblo lo catapultó a un estado de ánimo opuesto al dolor y el sufrimiento. Era el año 2016, tenía 27 años y en Italia le otorgaron medalla de oro.

     Como etnógrafo visual ganó el certamen “Fotonarrazione” en la ciudad de Caserta (gobierno de Caserta-Fondazione Marlo Diana Onlus-Ministerio del Bei e Delle Attivitá Culturall e del Turismo).

      —Mis primeros viajes a Mérida los recuerdo con mi mamá; me habían operado la oreja. Desde siempre me ha gustado mucho viajar… tenía siete u ocho años… Los recuerdos que tengo son de esa edad…

      —¿Y a qué edad le llegó la madurez?

      —Creo que hasta hace poco. Bueno, eso es muy relativo porque trabajo desde niño. Mis tías tenían negocios en los mercados del pueblo, y ahí yo asumí muchas responsabilidades atendiendo a los clientes. Vendía alimentos para animales. Me tocó manejar dinero desde los diez años, y siempre me gustó. A veces sueño que estoy en el mercado vendiendo pollitos.

 

                                        Bonita

 

La primera cámara

Contento, sin despegar los ojos de la mesa, dice:

     —En los pueblos se acostumbra mucho la encima (o dar pilón), y era mi especialidad… Hoy día me topo con aquellas señoras que atendía en el mercado y me dicen que soy un buen muchacho —sonríe—… A partir de la prepa ya vine a estudiar a Mérida; trabajaba en las mañanas en Ixil criando cochinos, y por las tardes iba a Mérida a la prepa 1 (de la Universidad Autónoma de Yucatán). Añoro esa vida de pueblo, porque había tranquilidad y personas buenas… No tenía que tratar con gente nueva. Es relativo eso de crecer y ser hombre, sólo sé que ahora sí ya conozco la madurez de la vida adulta.

      —Y de pronto un día consiguió su primera cámara, ¿así nomás?

      —En una asignatura de la facultad nos pidieron tomar fotos. Entonces tuve que comprar una cámara en el Monte de Piedad. El señor que me la vendió me dijo: “Aquí se prende y aquí aprietas”. Era una Olympus muy bonita, compacta, tenía una tarjeta para 50 fotos, ¡te lo juro! Pensé que sólo iba a usar esa cámara una vez, pero me gustó mucho y seguí tomando fotos… Luego me invitaron a viajar como fotógrafo, ¿tú crees?, y después empecé a ganar premios… Mi primera exposición fue en el Gran Museo del Mundo Maya durante el Festival Internacional de la Cultura Maya 2014.

 

“Yo mismo odio que me tomen fotografías…”

Pedro Tec tiene la fortuna de haber sido alumno del arqueólogo Alfredo Barrera Runio, su asesor de tesis de licenciatura, maestro de generaciones, ex director del Centro INAH Yucatán, y —entre tantas cosas— organizador del Congreso Internacional de Cultura Maya. Con él ha aprendido el sentido de la responsabilidad y la perseverancia.

      —¿En dónde reside la magia de sus fotos? ¿A qué la atribuye?

      —Captar el alma, la esencia, ya sea de personas o de paisajes y hacerlos eternos; los haces volar, viajar por sí mismos… Me gustaría fotografiar a una tribu muy peculiar… quizá ir a Belice a ver a los mayas.

   “Siempre me gusta pensar que viajo en el tiempo, digamos 50 años atrás. Son sueños míos… Mi foto es muy romántica. Me imagino que estoy en un lugar antiguo, explorando, y luego, cuando edito, uso blanco y negro. Quiero que la gente se pregunte: ¿cómo llegó hasta allá? Lo más difícil es viajar al lugar y que te permitan que les tomes fotografías. Yo mismo odio que me tomen fotos, pero así funciona”.

 

Primero fueron los sueños

—¿Qué condiciones le pusieron los lacandones para dejarlo fotografiarlos?

      —Me entrevisté con el comisario de Metzabock y llegamos a un acuerdo tomando en cuenta que su principal ingreso es el ecoturismo: recorridos en canoas y caminatas en las montañas, entonces yo les dije que si les parecía bien mostraría su cultura a otras personas, al mundo, para que los conocieran…por eso el comisario me dio permiso.

      —¿Su alma se reconforta al mirar y retratar gente mayor?

      —En ellos veo y leo historias a partir de la textura de sus rostros, sus ojos, la ropa, las arrugas. No me llaman la atención todos los ancianos, sino algunos en específico, sean hombres o mujeres. Siento como si fuesen espíritus…tengo fotos de mujeres llorando la muerte de su marido, pero no me he atrevido a exhibirlas porque a veces la gente es demasiado sensible y llora frente a mis fotos. En Cozumel, dos personas lloraron frente a mí y me abrazaban. En situaciones así no sé cómo reaccionar…

      —¿Crear belleza es uno de sus objetivo?

      —No, persigo la esencia, la magia… no me importa la estética ni la composición. Imagínate, la primera foto que hice para armar la colección “Los mayas eternos” [2019] se la tomé a una anciana que me encontré en la calle pidiendo limosna; era idéntica a una mujer que vi en sueños. Sí… tuve una época en la que soñaba con gente que no conocía; entonces, de repente fui encontrando a esas personas en la vida real, empezaron a aparecer para que las fotografiara… fue una cosa muy rara, y esas fotos son las que más he vendido.

      Pedro Tec viaja diario a su querido Ixil, igual que cientos de personas que usan el transporte público en distancias kilométricas del campo a la ciudad:

      —Vivo como si viviera en una burbuja…

      Es un ser de luz. Desde la quiromancia y la cartomancia capta la energía de las personas, y cuando encuentra una escena mística la captura:

      —Creo que es la sangre de chamanes que tengo en mis venas, o quizá se deba a que sueño mucho…

      —¿Y qué hay de la maldad en sus imágenes?

      —Trato de no verla. No es algo que me guste captar. Mejor hablemos del amor.

      —Dele, pues, lo escucho.

      —Es un tema muy delicado, ¿verdad? El problema empieza cuando la gente se obsesiona…

      Elocuente, expresivo y con sus rizos alborotados, Pedro Tec explica esa obsesión amorosa con el incesante movimiento de sus ojos. Sus largas pestañas se abren y se cierran como el obturador de una cámara fotográfica…

 




NTX/EMC/VRP/MBS