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2018-03-23    00:32:42

Energía solar dinamiza Amazonía y abre nuevas oportunidades económicas

Por Heriberto Araújo. Enviado.

Vila Nova do Amaná, Amazonía brasileña, 23 Mar (Notimex).- Marcada por su inmensidad y por las dificultades logísticas de una región casi sin carreteras, áreas preservadas de la Amazonía brasileña llevan una década explorando el enorme potencial de la energía solar para mejorar la calidad de vida y desarrollar nuevos sectores económicos.

En Vila Nova do Amaná, en la Reserva Amaná, en el corazón del estado de Amazonas, la población local lleva más de una década integrando los paneles solares en sus vidas.

En una zona de dos estaciones marcadas por la crecida y la bajada de los ríos, que pueden ganar hasta 30 metros de altura en su cauce, la primera iniciativa fue implantar en el año 2000 un panel solar que alimentara una bomba de agua.

“Dejamos de tener que ir al río a buscar agua y recibirla en casa. Además del esfuerzo, era también el temor de que cuando los niños se bañaran en la noche los atacara un caimán, ya que hay muchos”, explica Rosimar, una de las líderes comunitarias.

El panel, que fluctúa en una pequeña estructura en el río, bombea agua a un depósito y de ahí a la decena de casas de familias que viven de la pesca, la extracción de fruta y la producción agrícola en esta región extraordinaria en biodiversidad y célebre por la abundancia del delfín rosa del Amazonas.

Pero, con la financiación de Google y la ayuda del Instituto Mamirauá, uno de los mejores centros de estudio de la biodiversidad y desarrollador de modelos de preservación por medio de soluciones sociales en la Amazonía, los habitantes de Vila Nova recibieron otro equipamiento: el primer congelador de hielo producido por sol con el uso de paneles.

“Esto nos ha abierto nuevas oportunidades. Ahora podemos vender nuestra pesca y la pulpa de la frutas de la región, como el cupuaçú o el açaí, en Tefé, la ciudad más cercana y de unas 65 mil personas”, explica Francimar, un pescador local.

Puede parecer una trivialidad, pero los 27 bloques rectangulares de hielo que el sol produce con su vigor permiten, por ejemplo, que las familias locales se ahorren 21 horas de viaje de ida y vuelta a Tefé en canoa motorizada para comprar hielo, pues de otra forma el pescado y la fruta se pudre con el viaje.

“Eso supone un ahorro de 150 reales que pagamos por el combustible, además del tiempo”, agrega este hombre.

Otras actividades comunes para buena parte de la población urbana del planeta –como beberse un vaso de agua cuando las temperaturas aquí pasan de 40 grados- también se han convertido en habituales para esta población que vive en esta zona rural del estado de Amazonas.

Asimismo, la luz solar ha mejorado el ocio de la comunidad: unos pequeños paneles colocados sobre postes permiten iluminar un campo de futbol de césped que cada día a partir de las 18:00 locales es tomado por hombres y mujeres de toda edad para jugar.

“Incluso hemos creado un campeonato regional con premios y narrador”, bromea Francimar.

El Instituto Mamirauá, que gestiona las inmensas reservas de desarrollo sustentable Mamirauá y Manaa, con un tamaño similar al de Suiza y apenas unos 13 mil 500 habitantes, lleva más de una década cooperando con otras instituciones brasileñas como la Universidad de Sao Paulo (USP) para desarrollar tecnologías que mejoren la vida de la población amazónica.

El reto es conseguir que estos modelos ya testados sean implementados masivamente en decenas, cientos o incluso miles de pequeñas comunidades ribereñas localizadas en áreas remotas, con el objetivo de que llegue la electricidad a bajo coste y sostenible.

La bomba de agua alimentada por energía solar ya fue instalada en 21 comunidades, mientras en los próximos meses se implementará una pequeña fábrica para limpiar y almacenar carne de caimán, apreciada fuera del Amazonas, que tiene como fuente energética paneles solares.

Por medio de estos proyectos el Instituto Mamirauá quiere proponer políticas públicas a los municipios amazónicos para que, ante la imposibilidad de conectarse a la red eléctrica nacional por las largas distancias y la atomización de las poblaciones, sustituyan sus aportaciones en diesel para generadores por instalaciones solares.

Las iniciativas privadas –por medio de empresas o grupos de vecinos- quedan por el momento fuera del alcance, ante la falta de acceso a crédito, de técnicos especializados para montar los equipos y la baja renta.

“Faltan políticas que permitan tener acceso al crédito para que las poblaciones ribereñas tenga acceso a esta tecnología”, explica la socióloga Dávila Corrêa, que trabaja en el Instituto Mamirauá. El potencial de Brasil como productor de energía solar es enorme, por su gran extensión en áreas de gran incidencia solar, pero hoy cerca del 80 por ciento de la producción es hidroeléctrica.

El país aprobó en 2016 una normativa para permitir a los usuarios generar por medio de paneles su propia energía y, en las ciudades, conectarla a la red, pero la falta de crédito y subvenciones impide una expansión mayor de esta fuente cuya inversión inicial puede suponer entre dos y tres mil dólares.




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